Soneto a Cristo crucificado (Lope de Vega)
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme al
verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte;
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Soneto XVIII de: Rimas sacras (Lope de Vega)
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!"
¡Y cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!
A la muerte de Cristo nuestro señor (Lope de Vega)
Romance
La tarde se escurecía
entre la una y las dos,
que viendo que el Sol se muere,
se vistió de luto el sol.
Tinieblas cubren los aires,
las piedras de en dos en dos
se rompen unas con otras,
y el pecho del hombre no.
Los ángeles de paz lloran
con tan amargo dolor,
que los cielos y la tierra
conocen que muere Dios.
Los ángeles de paz lloran
con tan amargo dolor,
que los cielos y la tierra
conocen que muere Dios.
Cuando está Cristo en la cruz
diciendo al Padre, Señor,
¿por qué me has desamparado?,
¡ay Dios qué tierna razón!,
¿qué sentiría su Madre,
cuando tal palabra oyó,
viendo que su Hijo dice
que Dios le desamparó?
No lloréis, Virgen piadosa,
que aunque se va vuestro amor,
antes que pasen tres días
volverá a verse con vos.
¿Pero cómo las entrañas,
que nueve meses vivió,
verá que corta la muerte
fruto de tal bendición?
"¡Ay Hijo!, la Virgen dice,
¿qué madre vio como yo
tantas espadas sangrientas
traspasar su corazón?
"¿Dónde está vuestra hermosura?
¿quién los ojos eclipsó,
donde se miraba el cielo
como de su mismo autor?
"Partamos, dulce Jesús,
el cáliz desta pasión,
que Vos le bebéis de sangre
y yo de pena y dolor.
"¿De qué me sirvió guardaros
de aquel Rey que os persiguió,
si al fin os quitan la vida
vuestros enemigos hoy?"
Esto diciendo la Virgen
Cristo el espíritu dio:
alma, si no eres de piedra
llora, peus la culpa soy.
Letra XXVII (sor Juana Inés de la Cruz)
Estribillo
Cristo es Lilio, y María
es como Lilio,
a quien también Bernardo
es parecido.
Coplas
Cristo en propiedad merece
del Lilio la candidez;
María no es Dios, pero es
quien más a Dios se parece;
y Bernardo tanto crece,
que a los Dos se ha parecido:
¡Cristo es Lilio, y María es como Lilio!
Sus perfecciones Divinas
a ser Lilio las aplica,
y de su esposa publica
que es como Lilio entre espinas;
Bernardo con ansias finas
su semejanza ha seguido:
¡Cristo es Lilio, y María
es como Lilio!
Su Divina Perfección,
de Lilio la suavidad
la posee en propiedad,
y Ella en participación;
y en su mortificación,
su imagen Bernardo ha sido:
¡Cristo es Lilio, y María
es como Lilio!
Y con un orden gallardo,
graduando la mayoría,
se parece a Dios María,
y a María, el gran Bernardo.
Pues, ¿por qué unirlos tardo,
cuando entre sí se han unido?
¡Cristo es Lilio, y María
es como Lilio!
Francisco de Quevedo (1580-1645)
En la muerte de Cristo, contra la dureza del corazón
del hombre
Pues hoy derrama noche el sentimiento
por todo el cerco de la lumbre pura,
y amortecido el sol en sombra obscura
da lágrimas al fuego y voz al viento;
pues de la muerte el negro encerramiento
descubre con temblor la sepultura,
y el monte, que embaraza la llanura
del mar cercano, se divide atento:
de piedra es, hombre duro, de diamante
tu corazón, pues muerte tan severa
no anega con tus ojos tu semblante.
Mas no es de piedra, no; que si lo fuera,
de lástima de ver a Dios amante,
entre las otras piedras se rompiera.