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Apolo y Dafne Una de las primeras versiones más hermosas de la historia de Dafne y Apolo la encontramos en las Metamorfosis de Ovidio. Dafne, en la mitología griega era una ninfa, hija del río Peneo. Su belleza y castidad atrajo al dios Apolo, quien se enamoró perdidamente de ella. Algunos afirman que Cupido, por divertirse, le lanzó una flecha a Apolo y otra a Dafne. Este dardo hizo que Apolo se enamorara y que Dafne lo rechazara. La ninfa se mantuvo siempre firme en su negación. Apolo, desesperado, intentó raptarla. En su desesperación, Dafne huyó corriendo y en esta acción fue metamorfoseada en laurel. Algunos autores atribuyen esta transformación al dios Zeus. Otros afirman que fue su padre, el río Peneo, quien la rescató de las manos de Apolo y la convirtió en árbol. Este mito ha sido tratado por diversos autores y pintores
a lo largo de la historia. Las primeras apariciones incluían
un texto que acompañaba las representaciones, el cual, por lo
general era una interpretación alegorizada. Con el transcurso
del tiempo, este mito se fue cristianizando. El laurel, por ejemplo,
llegó a interpretarse como el único árbol que no
sucumbía a los rayos. Se afirmó, incluso, que la corona
de Cristo, estaba hecha de laureles. Durante el Renacimiento, especialmente, desde Petrarca,
al laurel se le asocia directamente con la poesía.
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