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Judith
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Apolo y Dafne

Una de las primeras versiones más hermosas de la historia de Dafne y Apolo la encontramos en las Metamorfosis de Ovidio. Dafne, en la mitología griega era una ninfa, hija del río Peneo. Su belleza y castidad atrajo al dios Apolo, quien se enamoró perdidamente de ella. Algunos afirman que Cupido, por divertirse, le lanzó una flecha a Apolo y otra a Dafne. Este dardo hizo que Apolo se enamorara y que Dafne lo rechazara. La ninfa se mantuvo siempre firme en su negación. Apolo, desesperado, intentó raptarla. En su desesperación, Dafne huyó corriendo y en esta acción fue metamorfoseada en laurel. Algunos autores atribuyen esta transformación al dios Zeus. Otros afirman que fue su padre, el río Peneo, quien la rescató de las manos de Apolo y la convirtió en árbol.

Este mito ha sido tratado por diversos autores y pintores a lo largo de la historia. Las primeras apariciones incluían un texto que acompañaba las representaciones, el cual, por lo general era una interpretación alegorizada. Con el transcurso del tiempo, este mito se fue cristianizando. El laurel, por ejemplo, llegó a interpretarse como el único árbol que no sucumbía a los rayos. Se afirmó, incluso, que la corona de Cristo, estaba hecha de laureles.

Durante el Renacimiento, especialmente, desde Petrarca, al laurel se le asocia directamente con la poesía.

 

 

Esta versión es del pintor italiano Antonio Pollaiolo (¿1432-1498). Observa los brazos de Dafne transformados ya en árboles. El resto del cuerpo todavía está en manos de Apolo y su transformación no se ha completado.

Esta versión de "Apolo y Dafne" (1624) pertenece al escultor italiano Bernini (1598-1680). Interesante en esta escultura es la oposición entre la inmovilidad de Dafne y el dinamismo de Apolo. Hemos visto a Bernini en el contexto de la transverberación teresiana.